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Voluntariado con Niños en Rauco

Voluntariado en el corazón de la zona agrícola de Chile

 

Primero, tengo que confesar algo: no paso generalmente mucho tiempo en la compañía de niños. No tengo propios y usualmente no entro en contacto con ellos a través de mi trabajo.

 

Entonces cuando Voluntary Horizons me pidió ser un “conejillo de indias” en uno de sus programas de voluntariado, cuidando niños en un pequeño pueblo en una región rural de Chile, por un momento lo dudé. ¿Por qué yo? ¿Qué podría aportar yo a un proyecto así? ¿Podría realmente ayudar?

 

Pero con el espíritu de ‘el que no arriesga, no gana’ me anoté, y me encontré seguidamente en un bus que se dirigió al sur de la capital Santiago hacia Rauco, un pequeño pueblo en el corazón agrícola de Chile.

 

Aquí, por todos lados se ven frutas de todo tipo: cerezas, uvas, kiwis, melones, moras. Lo que a uno se le ocurra, probablemente lo cultivan en Rauco.

 

Y qué cosa se podría esperar de este admirable y gratificante proyecto voluntario. Cada año, cuando el tiempo de cosecha llega, la población adulta va a trabajar en los campos. Trabajan largas horas, muchas veces siete días a la semana, aprovechando la temporada para ganar lo más que se pueda. En muchos casos, los ingresos obtenidos de estos meses tienen que durar para el resto del año.

 

Pero mientras los adultos están en el campo, ¿qué hacen los niños? En muchos casos, no tienen a nadie a quien los cuide. Entonces, la idea de este proyecto es juntarlos en la escuela local, mantenerlos entretenidos, sacarlos a pasear a algún lugar cercano y con un poco de suerte, educarlos un poquito sobre el ambiente en el que viven. Es algo que ayuda a los niños, y ayuda a los padres.

 

En nuestro grupo éramos nueve voluntarios de cinco países diferentes. El rango de edad era de 20 a 40 años. Solo uno de nosotros era chileno, y nuestro dominio de español iba de básico a fluido.

 

Cuando fuimos presentados a los niños por primera vez, me impresionó su rango de edad: algunos eran pequeños de 5 años, otros eran adolescentes.

Claramente, no habría ninguna solución para mantenerlos a todos entretenidos por igual.

 

Pasamos el primer día conociendo a los niños y satisfaciendo su interminable curiosidad. Estos son niños que nunca han tenido la oportunidad de viajar fuera de su región local, menos fuera de Chile o Sudamérica. Estaban fascinados con nosotros y querían saber todo sobre nosotros.

 

‘¿De donde eres?” preguntó Tonia, una alegre niña de cinco años. “¿Eres de la isla donde está enterrado el tesoro debajo de la arena?”

 

El día siguiente, volvimos a la escuela armados de un plan de acción diseñado para mantener 40 niños motivados y felices durante un día entero. Jugaríamos juegos con ellos, les enseñaríamos inglés, y los prepararíamos para el día siguiente, día en el cual planeamos llevarlos a un lago cercano.

 

Entusiasmar a 40 ansiosos niños a quedarse sentados en un lugar fue un desafío suficiente, pero enseñarles inglés fue una tarea monumental. No puedo pretender que convertimos a nuestros alumnos en brillantes lingüistas, pero sería lindo pensar que algunos de ellos aprendieron al menos algunas palabras.

 

Los juegos fueron más fáciles – canalizamos la enorme energía de los niños en partidos de fútbol, carreras de sacos y una competencia de huevo y cuchara. Para el final del día, yo estaba feliz pero exhausto. Mi respeto por todos los maestros de escuela, quienes hacen este tipo de trabajo todos los días, había aumentado inconmensurablemente.

 

En el día final, llevamos a los niños a un paseo. El lago es una belleza local, pero muy usualmente, visitantes lo arruinan con la basura que dejan. Con la ayuda de los niños, tuvimos que hacer 2 sólidos letreros los cuales colocamos al lado del lago. ‘Llevate Tu Basura’ leía uno. ‘Cuida Este Lugar Bonito’ decía el otro.

 

Con el calor del sol chileno a cuestas, colocamos orgullosamente nuestros letreros en la tierra reseca, poniéndolos en su lugar para asegurar que se mantuvieran allí para siempre. Nuestro trabajo estaba listo, nos sentamos y miramos como los niños se deleitaban jugando en el agua. Finalmente, los reunimos y nos dirigimos de vuelta hacia Rauco donde nos despedimos.

 

Es difícil subestimar el impacto que tal proyecto puede tener en las vidas de los jóvenes niños de una zona rural en Chile.

 

“Estos son niños de familias pobres de agricultores,” dijo David Villavicencio, quien fue criado en Rauco y trabaja en el proyecto por cinco años. “Muchos de ellos tienen problemas sociales.”

 

“En muchos casos sus padres han prácticamente pasado la responsabilidad de padres a los maestros – no porque quieren sino porque simplemente trabajan demasiado duro.”

 

“No podemos hacer milagros con este proyecto, pero podemos hacer una diferencia en sus vidas.”

 

Hablando con mis compañeros voluntarios, me di cuenta que había hecho una diferencia en nuestras vidas también. Todos fuimos en este viaje con distintas expectativas y niveles de experiencia y creo que terminamos con un sentido de satisfacción y logro, habiendo aprendido algo no solo sobre Chile y sobre niños, sino sobre nosotros mismos.

 

Yo, en mi caso, volvería a Rauco a participar de nuevo. Espero que otros aprovechen la oportunidad de participar también.

 

Voluntary Horizons es una empresa creada de la propuesta “voluntario en comunidades locales e indígenas y aprendizaje en Comercio Justo”. Esta trabajando la línea 1 de Capital Semilla de Innova Chile CORFO, patrocinado por Eurochile.

Gideon Long

 

Fotos

 

 

 

Hola! A mí también me gustaría saber cómo puedo participar en ese voluntariado? Sigue en marcha todavía el proyecto?

Como podria participar en este voluntariado?

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